Hay tradiciones que se sostienen en el tiempo porque nacen del compromiso, la participación y del profundo amor que sentimos por lo que hicimos y por lo que seguimos haciendo. El Día del Niño en el camping del Sindicato de Empleados de Comercio de Paraná es una de ellas. Año tras año, nuestro predio se transforma en el escenario de un ritual donde la gran familia mercantil comparte una jornada distinta, pensada para celebrar lo más importante que tiene la vida: nuestras hijas, nuestros hijos, y la felicidad de verlos disfrutar.



Este domingo 2 de agosto vivimos una tarde única. Desde el mediodía —muchas familias llegaron temprano para aprovechar las parrillas, almorzar y comenzar el encuentro— miles de empleadas y empleados de comercio fueron llegando al camping de calle Garrigó para reencontrarse en un espacio que ya forma parte de la historia afectiva del gremio.



Todo el trabajo y la organización estuvieron pensados para que cada chica y cada chico encontrara un motivo para sonreír. Desde el ingreso, los personajes infantiles comenzaron a recibir a las familias, generando las primeras fotos y despertando la emoción de los más pequeños. Minnie, Mickey, Snoopy y otros personajes recorrieron el predio saludando, jugando y convirtiéndose en protagonistas de cientos de selfies y postales familiares. Después, llegó el momento de ingresar al salón principal para recibir un hermoso presente y compartir una rica merienda.






Los peloteros y juegos inflables, instalados en la cancha principal, estuvieron colmados de gurises que aprovecharon cada minuto para saltar, correr y divertirse. Las maquilladoras desplegaron toda su creatividad transformando rostros en mariposas, superhéroes, princesas y personajes fantásticos, mientras los espectáculos musicales hicieron bailar y cantar a grandes y chicos.
La música, los juegos y las propuestas recreativas lograron que el camping respirara alegría en cada rincón. No importó la edad: todos encontraron un espacio para disfrutar.






¡Y llegó el momento de los sorteos! Bicicletas, mochilas, parlantes, auriculares, pelotas y una enorme cantidad de regalos fueron encontrando pequeños ganadores. Y, como siempre decimos, más allá del valor material de cada premio, lo verdaderamente importante fue la posibilidad de regalar momentos inolvidables. Ver la emoción de un niño abrazando su bicicleta, la sonrisa de una familia completa celebrando un premio o la felicidad de quienes recibieron un obsequio demuestra que estas jornadas dejan recuerdos que perduran mucho más allá de una tarde.






Sin embargo, una fiesta de semejante magnitud no ocurre por casualidad.
Detrás de cada juego en funcionamiento, de cada regalo entregado, de cada escenario preparado y de cada sonrisa hubo semanas de planificación, organización y trabajo colectivo. Integrantes de la Comisión Directiva, delegadas y delegados, colaboradores, personal del camping y un numeroso grupo de trabajadoras y trabajadores asumieron, una vez más, la enorme tarea de preparar cada detalle para que todo saliera como estaba previsto.
Su compromiso permitió que miles de personas disfrutaran de una jornada segura, organizada y llena de propuestas para toda la familia. Ese esfuerzo silencioso, muchas veces invisible para quienes participan de la fiesta, constituye uno de los mayores orgullos de nuestra institución.

La conducción encabezada por Daniel Ruberto acompañó durante toda la jornada las distintas actividades, compartiendo con las familias el espíritu de una celebración que expresa una forma de entender el sindicalismo: estar presentes en el día a día, no solamente en la defensa cotidiana de los derechos laborales, sino también en la construcción de espacios de encuentro, recreación y contención para toda la familia.
Porque un sindicato también se fortalece cuando genera estos momentos de integración. Cuando las familias se conocen, cuando las niñas y los niños crecen sintiendo que el gremio también es un lugar propio, cuando cada trabajador puede disfrutar junto a los suyos de un patrimonio que pertenece a todos. Ese es el espiritu con el que también hacemos la Colonia de Verano o la fiesta del 26 se setiembre, en nuestro día.



En tiempos en los que muchas veces predominan las dificultades económicas y las preocupaciones cotidianas, jornadas como esta adquieren un valor todavía mayor. Representan un espacio para detener el ritmo de todos los días, compartir una tarde distinta y volver a poner en el centro aquello que realmente importa: la felicidad de nuestras infancias.
El Día del Niño del Sindicato de Empleados de Comercio de Paraná volvió a ser mucho más que una fiesta. Fue la demostración de que, cuando existe organización, compromiso y una profunda vocación de servicio, es posible construir momentos que fortalecen los vínculos entre las familias trabajadoras. Y, sobre todo, fue la confirmación de que la mayor satisfacción para quienes hicieron posible esta celebración fue ver miles de sonrisas iluminando una tarde inolvidable.




